Ahora y en tu interior
Señor director:

 En el libro “el poder del ahora” de Eckart Tolle hay una sencilla parábola que es un interesante punto de partida. Un mendigo llevaba sentado a la orilla del camino por más de 30 años. Pasa un día un desconocido. “Una monedita”, suplicó el mendigo. “No tengo nada que darle” – dijo el desconocido. Y añadió: “Qué es eso en lo que está sentado?”
“Nada” contestó el mendigo. “Sólo una caja vieja. Desde que tengo memoria estoy sentado en ella”. “Y alguna vez has mirado que hay dentro?”. “No” dijo el mendigo. “Para qué? No hay nada”. “Échele una ojeada”.
Luego, el mendigo abrió la caja y vio que estaba llena de oro. Así que todos debemos mirar dentro. No dentro de una caja sino en un lugar más cercano e íntimo, dentro de ti mismo. “Pero yo no soy un mendigo” dirá cada uno de los lectores de este escrito. Si no has encontrado la verdadera paz y la alegría de ser, así tengas mucho dinero, eres en verdad un mendigo. Sabemos que hay personas con mucho dinero, poder, fama y que se sienten solitarios, deprimidos, sin sentido su vida.
Verdaderos mendigos. De ahí la importancia de entrar en tu interior y descubrir ahí la riqueza espiritual, las energías positivas que nos permiten afrontar las dificultades, las vulnerabilidades que son propias del ser humano. Tú puedes decir: “es que nunca lo he hecho. No me enseñaron a hacerlo”. Pero la invitación es que lo hagas ahora. Ahora, en media hora. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Y ¿cómo hacerlo?
Busca un lugar tranquilo, sin ruidos, sin molestias sensitivas. Y sé consciente del silencio, primero tomando conciencia de los ruidos que alcancen a llegar a ti. Y el silencio te irá conduciendo hacia tu interior. Hay ahí, en tu interior energías positivas que puedes sentir localizadas en cada parte de tu cuerpo: cerebro, columna vertebral, corazón, pulmones, corriente sanguínea. Siéntelas y respira profundamente. Toma el aire por la nariz, sintiendo que ese aire es todo lo positivo que hay y que tú deseas: paz, amor, tranquilidad, perdón, salud. Y bota el aire por la boca, sintiendo que salen de tu interior todo lo negativo que tú no deseas: conflicto, enfermedad, violencia, preocupaciones, tristezas. Así estás entrando en la hermosa vivencia de la meditación. No pienses…deja que tu mente descanse… no hables con ideas preocupado por estar ocupado. Vive esta experiencia de la meditación, sin referencia al tiempo, al reloj, al ruido interior que nos mantiene fuera de nuestra esencia espiritual. Silencio, respiración, meditación. Tres experiencias para ir encontrando un tesoro que hay dentro de ti. Tu esencia espiritual que te hace valorarte y valorar todo lo humano que está lleno de Dios. Es ahora. No lo dudes: tu verdadera riqueza eres tú mismo, consciente de lo más íntimo de ti mismo: energía espiritual.
Alirio De Los Ríos Flórez

La esencia de la poesía
 Señor director:

 Don Elceario de J. Arias Aristizábal, frecuente corresponsal de este espacio periodístico, sostiene, y con sobrada razón, que la poesía es la quintaesencia de la literatura.
 Preguntémonos, entonces, cuál es la esencia de la poesía. Para dar una respuesta acudamos al Estagirita, el Maestro Aristóteles, el Filósofo (como lo denominaba Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica). No lo interroguemos directamente acerca de la esencia de la poesía, no obstante haber escrito él sobre poética; pidámosle prestada su teoría o doctrina metafísica, ontológica, el hilemorfismo (del griego hýle=materia, morfé=forma).
 La esencia de cualquier ser, de todo ente, está compuesta por su materia y por su forma. Por ejemplo, la esencia del hombre: el ser humano es un compuesto de cuerpo y alma; la materia es el cuerpo, el alma es la forma. O, si así lo preferimos, la animalidad es la materia, la forma es la racionalidad: el ser humano es, por consiguiente, animal racional, esta es su esencia.
 Ahora bien, el poeta, para merecer ese calificativo, ha de plasmar en sus obras, en sus poemas, dos elementos. Uno de ellos es el pensamiento, el mensaje que quiere dar, la idea; el otro es la expresión externa de la idea, y esa expresión externa, ese revestimiento literario, es la musicalidad. Por su parte, la musicalidad es la integración de otros dos principios, a saber, la rima y el ritmo o métrica.
 Dejemos que los amables lectores indaguen en el diccionario o le consulten a Mr. Google para saber en qué consiste la métrica y qué es la rima. Y concluyamos afirmando que la esencia de la poesía es la combinación de la idea (o ideas) con la musicalidad. Es bueno advertir que es preciso incluir el sentimiento, los sentimientos, dentro de la idea o muy junto a ella.
 Cabe entonces especular o hacer una disquisición inoportuna: los que se consideran o son considerados poetas -muchos de ellos, de esta época casi todos- y las así llamadas, también, poetas (que no poetas sino poetisas) ¿plasman en sus versos ese amasijo inspirado y cuasidivino, fabricado de pensamiento y música?
 Atentamente,
Jaime Pinzón Medina

¡Extra! ¡Contra el alzheimer!
 Señor director:

 Acaba de salir en USA  un medicamento que ayuda en la lucha contra esta enfermedad: el Lekembi (¿se escribe así), aprobado por la FDA. Pero es costosísimo, veinticinco mil dólares o más.
Hay otro remedio, y baratísimo, el maní. Experimentos científicos en laboratorios de Estados Unidos y de Europa han demostrado que el maní es lo que más ayuda a la memoria, lo que más ayuda a recordar. La prueba es que usted se come un maní... ¡y ahí mismo se acuerda... de comerse otro!
 Atentamente,
Don Cecilio

Ayer irrespetaron a Rafael Arango Villegas, hoy a Roberto Cardona Arias
Señor director:

No leer el Pregón de la Feria de Manizales versión 2023, es toda una prueba fehaciente de gentes que no conocen la magnífica historia de la festividad. Se ha leído desde 1955 y su autoría proviene de uno de los creadores de la fiesta, Dr Roberto Cardona Arias. Fue todo una decisión de muy mal gusto, un desaguisado que atentó contra la tradición señorial de la ciudad, alentada y alimentada por plumas maravillosas de la literatura en todos sus géneros. Uno de ellos, Roberto Cardona Arias, hijo benemérito de Neira.
Con lo sucedido viene a la mente la prosaica decisión del pasado, cuando le cambiaron de nombre al Parque Rafael Arango Villegas. Las gentes de ese momento desconocían también la rica historia en la literatura que encierra su nombre. Hay que recordar a la luz de esas “obscuridades mentales” que contienen las dos decisiones supradichas, que el Dr Otto Morales Benítez se lamentaba de la gente sin cultura que estaba llegando a la administración de lo público en los territorios.
El informe especial de LA PATRIA respecto a la no lectura del pregón, liderado por la periodista Martha Lucía Gómez, es todo un compendio “de sentida protesta” de exalcaldes y exdirectores de Fomento y Turismo, nombre que al decirlo recuerda a las grandes y maravillosas ferias, que en el pasado se celebraron con paso señorial e hidalgo y enuino amor por la ciudad encantadora del Ruiz.
Rogelio Vallejo Obando

Más vale prevenir
Señor director:

A raíz del derrumbe en la vía panamericana en la localidad de Rosas, en la que por no disponer de rutas alternas se causó un perjuicio enorme a la economía local y nacional, vale la pena pensar con seriedad en lo que puede suceder en  la troncal Armenia-Ibagué si sucede algo parecido.  Si bien, en este caso, hay  posibilidades de usar algunas  vías alternas, éstas no son lo suficientemente aptas para soportar el colosal tráfico Buenaventura-Bogotá y todas las miradas se dirigen a la carretera Manizales-Mariquita en la que muy difícilmente se pueden cruzar dos tractomulas, que al  menor roce ocasionan el caos total.
En diversas oportunidades he insistido, infructuosamente, en que es preciso hacer variantes en Manizales-Mariquita que obvien los tramos de excesivas pendientes y de curvas muy cerradas, solución que es posible emprender.
Hoy escuché por la radio que el volcán Machín, cercano al túnel de La Línea está presentando una actividad inquietante.
Colofón: Ojalá alguna entidad, privada o pública, le pare bolas a este asunto tan grave.
Jaime Guzmán Mejía

Con hambre no hay paz
Señor director:

Paz, no es que los fusiles no disparen
Paz, no es que las balas dejen muertos,
Paz, no es que limosnas nos regalen
ni que abunden los frutos en los huertos
Todos soñamos con la paz. Paz en mi interior, paz en mi hogar, paz en mi trabajo, paz en la calle, paz en las ciudades, paz en el campo, paz en la campiña, paz en la sierra, paz en el valle, paz en la llanura, paz en la mesa, paz en el agua, en el mar, paz en la conciencia.
Todos soñamos con la paz.
Es difícil que haya paz en un país con tantos altibajos, con tantas desigualdades, con tantas inequidades e iniquidades y tantas injusticias.
Todos queremos que la paz exista,
que la paz sea perenne compañera
que la paz sea tremenda equilibrista
y que sea con todos muy sincera.
Todos queremos que haya paz. Paz en el día, paz en la noche, paz en el sueño, paz en abundancia, sin hambre, paz sin desnudez, paz para quienes cosechan los frutos en el campo, paz para el que barre las calles, paz para los intelectuales, para los artistas, para los empresarios, para los ejecutivos, para quienes ejercen el poder, paz para quienes viven en las zonas marginales, para quienes habitan las torres de la opulencia, paz para todos.
Paz para los niños y los viejos
para los grandes y pequeños,
paz sin enredos, ni trebejos
paz para los tristes y risueños
Paz, es que todos, sin excepción se sienten a la mesa a compartir el desayuno, el almuerzo y la comida con amor, con alegría y con tranquilidad. Paz es poder dormir en un lecho digno, sentir el calor de la familia, el afecto de los vecinos, recibir con optimismo el nuevo día dándole un fuerte abrazo a la noche que se va.
La paz no es engañar con palabras huecas 
a un pueblo que vive muerto de hambre
no es llenar los oídos con palabras chuecas
mientras los políticos se comen su jugoso fiambre.
 La paz, no es para elaborar discursos, con palabras almibaradas de mentiras, de aparentes buenas intenciones, de eufemismos bien rebuscados, de falsas promesas, de cambios sin cambios, de sofismas, de luces de Bengala, de mañosas actitudes y de promesas gastadas por el tiempo. La paz, es compromiso, responsabilidad, solidaridad y justicia en un mundo en el cual la esencia de la igualdad sea vivencial y se pueda ejercer como un compromiso de fraternidad con sinceridad y con amor.
Paz, es que todos vivamos como hermanos
sin excluirnos, sin mancillarnos y sin daños
paz, es vivir dulcemente como humanos
en un mundo con justicia y sin extraños.
El gobierno, que gobierna, parece que poco o nada le interesa la inflación que tiene a un pueblo famélico y talvez embrutecido por inanición. No sabemos cómo sobrevive.
Cordialmente,
Elceario de J. Arias Aristizábal

Abejas mayas y panches
 Señor director:

Al atracar Cristoforo Colombo Fontanarrosa el 12 de octubre de 1492 a la isla de San Salvador por serendipia al exuberante Nuevo Mundo y considerando que había arribado a las Indias Orientales, los españoles encontraron maravillas, generando en sus mentes estupor, admiración, asombro y confusión por los animales, plantas, riquezas de todos los colores, armas y costumbres, carentes de nombre en el idioma castellano, con una antigüedad cercana de 14.000 años.
 Huella histórica que motiva a contextualizar el respeto a la diversidad en Colombia, Guatemala, mesoamérica y el planeta, por considerar la misma el análisis de seres humanos, muy distintos a quienes habitaban estas ricas tierras invadidas. Y así, evitar usurpar la verdad verdadera de los indígenas, cuando afirmamos equivocadamente, nuestros indios, como si fueran propiedad de nosotros.
 Para los mayas, el conjunto de caracteres autóctonos de su raza, en esencia de Mesoamérica, que sobresalió por más de dos milenios, el cosmos se originó el 13 de agosto de 3114 a.C. Las culturas ancestrales de Colombia y Guatemala están enchufadas por las vocaciones Pacífico y mar Caribe-océano Atlántico en sus aplicaciones con las abejas meliponas, endémicas en la península de Yucatán, esencia de la meliponicultura, desde la época precolombina y las abejas angelitas, asentadas en el norte del Tolima y consentidas de sus primitivos pobladores, los gualíes, guarinoes, bocanemes, mariquitanes, hondamas, bledos y coloyes de las tribus pantágoras y panches de la familia caribe.
 Para los mayas, las abejas meliponas o angelitas constituían agentes polinizadores en plantas y cultivos como el aguacate, calabaza, café, chiles, mango, pepino, sandía y tomate. En la cultura panche-pantágora, las angelitas eran polinizadoras de arbustos, hortalizas, legumbres, matas y verduras.
 En la ciudad de Armero, departamento del Tolima, antes de la tragedia anunciada de 1985, existían 25.000 colmenas de angelitas, importantes en la polinización de los cultivos de aguacate, ahuyama, algodón, arroz, café, flores, frutales, maíz, millo y sorgo. Abejas que producían 20 litros por colmena al año, según estudio que nos permitió participar en el concurso nacional de la ciencia en 1973 con el destacado médico oncólogo Ramiro Sánchez Ramírez y el economista Hernando Ayala Ayala.
 En el solar de mi residencia ubicada en Armero – Tolima, las hermosas abejas angelitas habían establecido 15 colmenas y polinizaban los frutales de anón, banano, coco, chirimoya, guayaba, granada, mamoncillo, mamey, mango, naranja y níspero, dándole vida a la vida. En la segunda morada heredada, funcionaba la minga integradora de panches y pijaos.
 Los mayas desaparecieron entre los siglos VIII Y IX, porque no asimilaron las sequías, la sobreexplotación de los recursos naturales, las guerras fratricidas y la desintegración familiar. El cambio de la tierra por la extensa temporada seca duró 80 años de 1020 a 1100 que ocasionaron conflagraciones y desestabilización política.
 La cultura maya floreció a partir del 2000 a.C. hasta 1540 d.C. Cuando los invasores españoles partieron hacia América Central- Mesoamérica en 1517, el objetivo era domeñarlos, pero al desembarcar, el poder político y económico que había construido pirámides simbólicas en la región, con una población de dos millones de habitantes se había esfumado. Los primeros europeos en doblegar a los mayas estuvieron al mando del hombre nacido en Medellín-Extremadura, Hernán Cortes, quien en 1523 envió a su lugarteniente Pedro de Alvarado a las tierras bajas de Guatemala.
 Gerney Ríos González

Jorge Emilio Sierra Montoya
Señor director:

Colombia ha sido desde siempre bendecida por el Atísimo, al haber tenido y tener conspicuos seres humanos, nacidos en la Mariposa Verde: Caldas, Quindío y Risaralda, quienes le han entregado a Bogotá y Colombia sus grandes talentos en variadas actividades de la inteligencia. El Ilustre Jorge Emilio Sierra Montoya es toda una muestra fehaciente, que me lleva a recordar a Alfonso Villegas Restrepo, fundador de El Tiempo y La República; así como a Manuel Mejía Jaramillo y Arturo Gómez Jaramillo: brillantes directores de la Federación Nacional de Cafeteros. La lista no se agota, es grande.
Gratitud es lo que entona y le dice la capital de la República al Dr Jorge Emilio Sierra Montoya, ahora que después de 40 años de estadía en ella, retorna a su amada Patria chica: Pereira. “Notas Cívicas” toma la vocería al respecto. La gratitud con nuestros conciudadanos beneméritos, hay que evidenciarla siempre que se presente la feliz oportunidad. Todos ellos han hecho grande a Colombia y sus regiones.
La gratitud también la entona la Mariposa Verde.
Grato es reportar su despedida de la capital de la república: “En 1982, hace cuarenta años, llegué a Bogotá para seguir en el periodismo que había iniciado, a comienzos de los 70, en “La Patria” de Manizales, donde fui columnista, desde mi adolescencia; director del suplemento literario, mientras cursaba estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas, y redactor de planta, con funciones de subdirector y director encargado, después de mi graduación.
Llevo, pues, casi medio siglo de actividad periodística en nuestra capital, donde llegué como redactor en La República para luego dar el salto a la jefatura de redacción, y de ahí, a la subdirección, que ejercí también como editor general, hasta ser, por último, director general del periódico, cargo que ocupé durante catorce años.
Pasé igualmente por la revista “Cromos” y la agencia de noticias Colprensa, como redactor político, y por la Cámara de Representantes, donde fui asesor de prensa del entonces presidente de esa corporación, César Gaviria Trujillo, quien después asumió la jefatura del Estado.
En los últimos cinco años he sido colaborador de El Tiempo y El Espectador, con artículos de opinión, crónicas y ensayos, que muchos de ustedes habrán visto.
Pero, ese largo ciclo ya está próximo a terminar para volver a mi querida tierra cafetera, donde llegué al mundo. Es el eterno retorno, en palabras de Nietzsche.
“Partir es morir un poco”, apreciados amigos...”. Indicado el momento para decir que es grato para el Gran-Caldas que vuelva a tener relación directa con altas personalidades, como sucedió con el regreso del Dr Mario Calderón Rivera y el Dr César Vallejo Mejía, binomio que le entregó mucha sabiduría a la Mariposa Verde.
Bienvenido, ilustre Dr Jorge Emilio Sierra Montoya: Su vasta cultura irrigará a la “Mariposa Verde” así como lo hizo el binomio supradicho.
Rogelio Vallejo Obando

Derechos de las minorías
Señor director:

 Soy de Fredonia. Visito la ciudad para la Feria taurina hace 12 años. Leo con agrado La Patria, sus columnas valientes e independientes. Con qué tono le dicen las verdades al embolatado alcalde que no dimensiona la ciudad y el cargo.
Defiendo los toros, porque las minorías también tenemos derechos. Bienvenida la libertad de expresiones culturales y la tradición taurina.
Antonio Estrada Saldarriaga

Insolencia y Arbitrariedad
Señor director: 

La Iglesia de Dios es santa. Así lo profesamos en el Credo. Lo es por su divino Fundador; lo es porque la asiste el Espíritu Santo; lo es porque a ella le confió Jesucristo los tesoros de la salvación y santificación de los hombres; lo es porque en ella, a lo largo de los siglos, se han dado y siguen dándose  frutos espléndidos de santidad y perfección. Sí, es santa. Pero es al mismo tiempo pecadora. Lo es en nosotros, débiles y míseros; lo es porque, al propio tiempo que divina, es humana. Y así, divina y humana, santa y pecadora, se reconoce a sí misma. Y a lo largo de su historia milenaria, no pocas veces el miserable barro de quienes somos sus miembros ha empañado el esplendor de su rostro.  En las últimas décadas, esa realidad de pecado ha tenido una manifestación terriblemente grave y dolorosa: el abuso de carácter sexual cometido por personas consagradas contra diversas personas, muchas de ellas menores de edad; y, en algunos casos, la actitud connivente de la autoridad eclesiástica frente a ese delito execrable. Hoy, la santa Iglesia así lo reconoce; ningún intento hace por negarlo; en la voz acongojada de los últimos Pontífices, ese reconocimiento ha sido humilde,  adolorido, valentísimo. Tienen un timbre de  sinceridad innegable y conmovedora  las reiteradas peticiones de perdón de San Juan Pablo II, de Benedicto XVI y del Papa Francisco. Y son coherentes las medidas adoptadas por ellos y  por los Obispos del mundo entero para poner freno a esa conducta abominable. Medidas que muchos desconocen, porque no son para la galería… pero que están bien claras y resultan contundentes para todos los que hemos recibido de Dios o de la Iglesia misma algún encargo ministerial. La santa Iglesia no niega realidades inocultables; ni se consuela o excusa alegando un hecho también indiscutible: que el número de los eclesiásticos abusadores representa un porcentaje mínimo frente a los miles y miles de irreprochables servidores de la comunidad católica. No, eso no la consuela: porque así fuese un solo sacerdote el que hubiera caído en ese crimen, ya sería suficiente motivo de dolor irreprimible.
 Esa, en pocos términos, es la realidad. ¡Gracias a Dios! A pesar de la cual, ahora han aparecido algunos, con pretensión de inquisidores, para quienes todos los clérigos y los religiosos católicos son presuntos violadores. Sabe Dios movidos por qué ocultas motivaciones personales inconfesables y sostenidos por qué intereses ideológicos, el tal Juan Pablo Barrientos, autor de libros que son un albañal de mentira y calumnia procaz, y el gacetillero Miguel Angel Estupiñán, y últimamente doña Catherine Miranda Peña, congresista de los Verdes, tienen la avilantez de “exigirles” a varios de los señores Obispos colombianos que les entreguen la hoja de vida minuciosamente detallada de todos y cada uno de los sacerdotes y religiosos de sus respectivas jurisdicciones eclesiásticas, con datos personales y laborales tan nimios que ninguna autoridad legítima – y esos personajes no lo son - se atrevería a inquirir, so pena de quebrantar el artículo 15  de la Constitución colombiana. ¿Quiénes se creen? Estoy seguro de que no se atreverían a exigir lo mismo a los altos mandos militares o de la policía sobre sus subalternos, o al ministro de educación en referencia a los miles de maestros de Colombia…Que, si lo hicieran, su petición, por absurda y abusiva, iría a parar al cesto de la basura o se convertiría en objeto de una demanda judicial. Pero, ¡es la Iglesia! ; solo sus ministros carecen, según estos truchimanes, del derecho a su intimidad… Y llega su desfachatez a tal extremo, que terminan su exigencia amenazando a los señores Obispos con el art. 289 del código penal. ¿Habrase visto?   Y hay algo aún más desatinado e ilógico, aunque a mí me resulta natural dada la trayectoria tortuosa y el modo de obrar de nuestras inefables Cortes: ¡los mencionados fisgones encuentran respaldo a  su pretensión en sentencias de la Constitucional ! Sí, los desatinados y a veces malignos togados  de esa corte avalan, con su sentencia T/091-20, la grosera e irrespetuosa demanda de los siniestros personajes. 
¡ Realmente, son insolentes y arbitrarios !
Mario García Isaza

Diócesis del Norte
Señor director:

Juan Álvaro Montoya, digno émulo de su padre el doctor César Montoya Ocampo en las páginas de opinión de La Patria, publicó el 12 de enero un escrito que se puede calificar de antológico acerca de la ciudad de Salamina.
Al final de su artículo Juan Álvaro dice lo siguiente: “La Salamina del porvenir debe ser la sede de la Universidad del Norte de Caldas, de centros de pensamiento, de escuelas de arte, de música y de centros de emprendimiento digital. Será un espacio para el crecimiento del alma y el cuerpo y donde la noción de desarrollo abarque mucho más que el pan sobre la mesa y nos invite a pensar en la ciencia, la cultura, las artes o la religión”.
Por otra parte la arquidiócesis de Manizales ha crecido en cantidad de fieles y en número de parroquias, además de toda clase de obras de apostolado. No es fácil hoy en día administrar la arquidiócesis; la sola ciudad de Manizales puede perfectamente desbordar las energías y el tiempo del actual arzobispo y de los que vengan en el futuro.
Es así como vuelvo a insistir en la necesidad o por lo menos en la conveniencia de erigir la diócesis del Norte de Caldas, la diócesis de Salamina, con esa ciudad como capital del obispado. Hay homogeneidad geográfica, étnica, económica, cultural y religiosa. Sus límites irían desde el río Guacaica hasta el Arma, y desde el cañón por donde corre atormentado el Cauca hasta las altas cumbres de la Cordillera Central.
Atentamente,
Observador católico

Aprender a vivir bien 
es la verdadera sabiduría
Señor director:

 Luigi Cornaro fue un notable ciudadano nacido en Venecia, Italia, a finales del siglo XV, y quien, habiendo hecho ostentación pública de su buena salud y larga vida, falleció en Padua el 26 de abril de 1566, superando la edad de 100 años y excediendo en más de 35 años la esperanza de vida, que para la época podría ser aproximadamente de 65 años. La mitad de su vida fue como la de la mayoría de los mortales, pero en la segunda mitad se empeñó en aprender a vivir bien y lo logró, por lo que decidió compartir generosamente ese aprendizaje, primero con quienes fueron sus contertulios, y luego, sin ser un reconocido escritor, con su legado a la posteridad, plasmado en escritos que algún editor agrupó en un texto que tituló “Un tratado sobre una vida sobria”, pero que él concibió como discursos sobre una vida sobria y templada, escritos en su edad madura, a sugerencia de quienes lo rodeaban, y que por separado publicó.
El primer discurso versa sobre una vida sobria, alejada de la intemperancia. El segundo contiene elogios sobre la sobriedad y un conjunto de propuestas para mejorar una mala constitución. El tercero es una exhortación a una vida sobria y templada, “como medio para alcanzar una vejez sana y vigorosa”. Y el cuarto es una carta al Patriarca de Aquileia, escrita, según se dice, a la edad de 95 años, y en la que detalla y pondera los buenos resultados derivados del método de vida sobria y templada que adoptó.
Empieza este autor sus disertaciones declarándole la guerra a la “destructiva intemperancia”, particularmente manifiesta en los excesos de comidas y bebidas, y la cual es necesario enfrentar mediante la sobriedad, que siguiendo las leyes de la naturaleza “nos enseña a contentarnos con poco” y nos ayuda a crear y seguir la costumbre de “comer no más de lo que es absolutamente necesario para sustentar la vida”, corrigiendo los excesos que, en este terreno, son causa de enfermedades y de la muerte. Pero a esa sobriedad en la comida y en la bebida, para que sea consistente, se debe llegar mediante un método que empieza por tratar de  conocer mediante la observación y pruebas (exámenes) nuestra constitución y el estado y funcionamiento de nuestros “humores”- concepto introducido por Hipócrates y Galeno, antiguos filósofos y médicos-. Esos humores, entre los que están la bilis, la flema y la sangre, en términos de un profano, como yo, son como líquidos vitales para el organismo humano.
En el proceso de la sobriedad así entendida, juega un papel preponderante el estómago humano, que solamente debe recibir, de acuerdo con nuestra constitución, nuestros humores y nuestro controlado apetito, alimentos sólidos y líquidos, sanos y nutritivos, ingeridos con total moderación, de tal manera que su consumo y digestión no produzcan ningún malestar en el organismo. De algún interés resulta anotar que Cornaro fue un habitual consumidor de vinos jóvenes, en dosis que sabía que no le causarían ningún daño. Por supuesto que sin incurrir en excesos. Pero Cornaro no se contentó con la sobriedad aplicada al cuidado del organismo mediante el consumo moderado de comidas y bebidas nutritivas y sanas. No. Fue más allá, y en su método incluyó, entre otras cosas, el ejercicio físico, una buena relación con familiares y amigos, la práctica de la buena lectura, el control de las emociones, y el esfuerzo por dominar las insanas pasiones. De esa integralidad derivó -según sus reiterados pregones- una vida sana, placentera y larga, de tal magnitud que entendió la muerte como una bienvenida culminación natural de su existencia.
De estos discursos de Luigi Cornaro hemos contado con una traducción del italiano al inglés y de este al español, un tanto defectuosa, pero que no nos impide acudir a este elocuente texto que nos muestra la especial dimensión que adquirió este personaje:”(...)No soy tan simple como para no saber que, como nací, así debo morir. Pero esa es una muerte deseable, que la naturaleza nos trae por medio de la disolución. Porque la naturaleza, habiendo formado ella misma la unión entre nuestro cuerpo y alma, sabe mejor de qué manera puede disolverse más fácilmente, y nos concede un día más largo para hacerlo, de lo que podríamos esperar de la enfermedad, que es violenta. Esta es la muerte que, sin hablar como un poeta, puedo llamar, no a la muerte, sino a la vida(...)(...)Es más, tengo razón para pensar que mi alma, teniendo una morada tan agradable en mi cuerpo, que no encuentra en él otra cosa que paz, amor y armonía, no solo entre sus humores, sino entre mi razón y mis sentidos, está sumamente contenta y complacida con su situación actual (...). Estos discursos de Cornaro y las Cartas a Lucilio, de Séneca, pienso que nos enseñan a vivir bien.
 William Giraldo Giraldo  

Prospectiva ferroviaria del Tolima
Señor director:

 El proyecto del ferrocarril en el Tolima se visualizó con unir las tres vocaciones geopolíticas y estratégicas de Colombia: Caribe, Pacífico y Andina, prolongando las líneas hacia las olvidadas regiones del sur de Colombia: Casanare - Orinoquia y Amazonia.
 El plan pionero acordado fue la línea férrea que uniera a Flandes – Girardot e Ibagué mediante concesión subsidiada con Carlos Tanco, empresario colombiano que había tendido exitosamente el Ferrocarril de la Sabana, desestimulado en su momento por los trámites burocráticos en otros pactos.
 El contrato original fue firmado por Tanco con la Gobernación del Tolima en 1893, aprobado por el ejecutivo nacional e improbado después por la Asamblea Departamental en Ibagué, acción que detuvo el avance de las obras iniciadas en Girardot – Flandes. Después de incontables trabas presentadas, se firmó con la Nación en 1897 un nuevo convenio para construir 50 km. mediante subvención de 9 mil 840 pesos por km. y 50 años de explotación del tren. Las demoras causadas a las obras por la guerra de los Mil Días y por las reiteradas dificultades burocráticas, mantuvieron detenidos los trabajos en Girardot por 10 años. Sólo dentro del impulso que dio a las obras públicas el gobierno de Rafael Reyes Prieto, se eliminaron obstáculos y pudo adelantarse la carrilera hasta el km 25 adelante de El Espinal, en donde quedó detenida a causa de la muerte de Carlos Tanco.  En 1912, las obras en mal estado fueron adquiridas por la Nación a los herederos del contratista por 30 mil pesos, después de haber invertido 258 mil pesos en subsidios y contratos adicionales, con un costo promedio de 11 mil pesos por km. El Congreso acordó dar participación en la empresa ferroviaria a los departamentos del Tolima y Huila en acciones de la compañía propietaria, permitiendo continuar los trabajos por administración directa.  Dirigidos por los ingenieros Justino Moncó y Hernán Tejeiro se reconstruyeron las obras y se prolongaron hasta Chicoral en el km. 30; inauguradas por el presidente Carlos E. Restrepo en 1914. Dos años más tarde se continuaron las operaciones bajo la dirección de Pedro Uribe Gauguín, para llegar a Ibagué en 1921 con un costo de 1 millón 780 mil pesos en el trayecto de 36 km; equivalente a 38 mil por km. allí quedó detenida la carrilera, en espera de adelantar las obras desde Armenia para conectar las dos vertientes de la Cordillera Central e integrar la Región Andina con el Pacífico.
 La unión del sistema Pacífico con los Ferrocarriles del Magdalena, sueño de los colombianos, fue contratada en febrero de 1929 por el gobierno nacional con la casa francesa, Regie General de Chemins de Fer a Travaux Publics, en longitud de 135 kms., convenio que incluía construir un túnel de 3 mil 500 metros cerca de la depresión de Calarcá. Las obras se iniciaron de Armenia hacia el oriente y de Ibagué al occidente en extensión de 8 km. a cada lado. Del túnel se excavaron 290 metros y se revistieron 148 más. En las dos obras el Estado invirtió 3 millones de pesos, pero las dificultades financieras creadas por la crisis de los años 30 obligaron a suspender los pagos quedando estas a la “vera del camino” indefinidamente. En los tres últimos años de la década de los 20 se cimentó la carretera Ibagué – Armenia que hizo olvidar transitoriamente la obra del tren. El Ferrocarril del Pacífico adquirió 20 camiones suizos de la casa Saurer y con ellos transportó la carga entre las dos estaciones terminales. En 1945 se reanudaron los trabajos de la línea férrea, y se enrielaron 10 km. a cada lado, hasta cuando en 1950 se decidió levantar la carrilera, procediéndose a mejorar la carretera, sepultando transitoriamente el proyecto del ferrocarril que uniría las tres vocaciones geologísticas y estratégicas que tanto requiere el país para enfrentar los retos de la globalización. Ejemplo de lo precedente, indica que a comienzos del siglo XX, la carga de importación con destino al altiplano que llegaba por el río madre a la Dorada, necesitaba varios transbordos; de los vapores fluviales pasaba al ferrocarril de esta ciudad caldense para llegar hasta Ambalema; en este incipiente puerto empleaba de nuevo la navegación fluvial por el Alto Magdalena a Girardot; allí retomaba el tren que la transportaba en las carrileras construidas, buscando la línea férrea de la Sabana en Facatativá para conectar con Bogotá. El Departamento del Tolima contrató en 1919 con la casa Pedro A. López el empalme del Ferrocarril de La Dorada con el Ferrocarril del Tolima, tramo con una longitud de 65 km. El acuerdo fue de concesión subsidiada, pero el presupuesto no pudo cumplir con sus obligaciones y las obras se detuvieron 10 km. adelante de Buenos Aires en las goteras de Ibagué.
Gerney Ríos González