Foto | Cortesía | LA PATRIA
El drama de un manizaleño en medio del despliegue "sin precedentes" del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Minnesota.
Por estos días, Minneapolis (EE.UU.) dejó de ser una postal de nieve y lagos para convertirse en una ciudad en vilo. Desde una ventana, un hombre mira sin salir. Es manizaleño, refugiado, sobreviviente del conflicto armado colombiano. Y hoy, dice, vuelve a sentir el mismo miedo.
“Soy refugiado, soy sobreviviente de la guerra. Fui orgánico del BCG 54 en La Macarena, Meta. Pertenecí a la FUDRA Colombia”. Lo cuenta sin alardes, como quien enumera cicatrices. Hace casi cuatro años llegó a Minneapolis, Minnesota. Allí encontró algo que creía perdido: paz. “Esta es mi casa, mi hogar y lo que más amo. Amo a Minnesota como a mi propia casa”. Allí levantó una idea de negocio, Pro Cleaning Service, LLC (servicios de aseo), y también conoció una comunidad que describe como “hermosa y humana”.
Pero desde diciembre, la vida se encogió.
“Estamos terriblemente afectados”, dice. Desde el 1 de diciembre muchas familias no salen de casa. Él paró todas sus labores el 5. “Desde ese día no conocemos nada más que nuestra casa. Nadie puede salir. Todos sentimos muchísimo miedo”. Las calles —cuenta— están patrulladas de día y de noche por hombres armados y encapuchados. “Todo el que tenga rostro o acento latino es inmediatamente capturado”.
La escena que lo quebró ocurrió a metros de su puerta. “Se llevaron a mis vecinas. Desde ese día no paramos de llorar en casa”. La hija quedó sola. La comunidad, el colegio, los vecinos se movieron para rescatarla y ponerla a salvo con un familiar que vive a una hora. “Nuestros corazones están rotos. El temor es constante”.
Los negocios latinos bajaron sus persianas. Nadie trabaja. Muy pocos se atreven a salir. “Los hombres encapuchados están por todos lados”. En su familia sobreviven con donaciones que clientes llevan hasta la casa. Y aun así, insiste en agradecer: “En este punto quiero decir que es la comunidad más hermosa y humanitaria del mundo. Muchas familias están viviendo gracias al valioso apoyo de la comunidad. Eso ha sido clave para la supervivencia”.
La tragedia se volvió concreta. “Es muy claro: ellos nos odian con toda su alma”, afirma. “Lo han demostrado incluso matando a dos personas a tan solo diez minutos de mi casa. Han demostrado que el que nos ayude será objeto de ellos”. El miedo ya no es rumor: hace dos días, agentes de inmigración abatieron a tiros a Alex Pretti, un enfermero de 37 años, durante una operación para capturar a un inmigrante. Es el segundo incidente de este tipo en menos de tres semanas en Minneapolis: el 7 de enero, Renee Good murió por disparos de otro funcionario federal. Los hechos desataron críticas del Partido Demócrata e incluso reproches desde sectores republicanos, partido del presidente, Donald Trump.
Desde el encierro, el manizaleño mira a Colombia ante la próxima reunión que sostendrá el mandatario colombiano, Gustavo Petro, con su homólogo estadounidense el 3 de febrero en la Casa Blanca. Su mensaje al jefe de estado es una súplica. “Señor presidente, sea muy prudente. Personalmente tengo miedo de su visita el próximo mes. No se deje tentar por el odio. En lo que pueda, no discuta con ellos. Busque una forma inteligente para salir de esto”. Y pide algo más: “Desarrolle programas serios y reales para nosotros, las víctimas de esta guerra”.
A sus compatriotas en Estados Unidos les habla como quien previene una emboscada. “Activen sus planes de acción. Si tienen niños, pueden hacer un poder ante notario para que un americano quede en custodia si llegara a pasar algo”.
Hoy, su mundo es un marco de vidrio. “Solo podemos mirar por nuestra ventana”.
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