China y Estados Unidos cerraron la visita de Donald Trump a Pekín con una declaración orientada a estabilizar la relación bilateral durante los próximos años, aunque sin concretar grandes acuerdos. Ambos países acordaron impulsar una “relación de estabilidad estratégica constructiva”, basada en cooperación, competencia moderada y manejo controlado de diferencias, en un intento de evitar una escalada directa entre las dos potencias.
Uno de los temas centrales fue Irán
Trump aseguró que Xi Jinping ofreció ayuda para reabrir el estrecho de Ormuz, mientras Pekín pidió retomar el diálogo y mantener abiertas las rutas marítimas. Además, ambos gobiernos coincidieron en que Irán no debe desarrollar armas nucleares, aunque China evitó revelar detalles sobre posibles gestiones diplomáticas.
En el plano económico, Washington afirmó que espera concretar un acuerdo para que China incremente sus compras agrícolas en decenas de miles de millones de dólares al año, incluyendo soja y aviones Boeing. También señalaron avances en la tregua comercial y en la exportación de tierras raras, aunque persistieron diferencias en temas tecnológicos sensibles, ya que la cumbre no abordó directamente la disputa por los semiconductores avanzados.
La visita estuvo marcada por una imagen de cercanía entre Trump y Xi, quienes se mostraron amistosos durante actos oficiales en Pekín. Sin embargo, continuaron abiertos asuntos estratégicos clave como Taiwán. El secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró que la política estadounidense hacia la isla no cambiará, pese a que China considera ese tema como el punto más delicado de la relación bilateral.
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