Fotos | Luis Fernando Trejos | LA PATRIA
Derechazo de César Rincón a su novillo toro Chispas de 406 kg de la ganadería de Ernesto Gutiérrez.
Todo estaba dado: plaza llena como pocas veces en los últimos tiempos, cartel de toreros rematado, el escenario único del festival, el regreso del maestro César Rincón...Incluso, un día, o noche, sin lluvia.
En fin, el cuadro perfecto para que el toreo se encumbrara. Todo, menos lo más importante, eso mismo que quedó atorado en alguna parte, el toro bravo. O al menos, algo que se le pareciese. Por ejemplo, uno de esos que se dejan. O uno de aquellos que se mueven. O, incluso, alguno que imponga respeto.
Nada, todo lo contrario. Porque los seis, en realidad los siete, que desfilaron anoche por la arena de la Monumental fueron un monumento a la mansedumbre. Y, claro está, nadie cria toros bravos para que así salgan. Lo único cierto es que resultaron tal cuales, para frustración de unos tendidos que se quedaron con los olés entre pecho y espalda, y los pañuelos a buen resguardo.
Los toreros hicieron cuanto pudieron. A César Rincón le sobraron técnica y lucidez para sacar el máximo provecho del limitado primero. Y nada más triste que verle resignado, mas no vencido, por ese cuarto que valió nada.
Sebastián Castella pudo llevarse algún reconocimiento en el quinto, una vez pudo convencerlo de que se quedara a pelear y no eligiera las tablas, pero cuando las cosas parecían mejorar, el novillo quedó convertido en inválido por lesiones en sus miembros anteriores. Del segundo de la noche, ni hablar.
Y para Juan Ortega, nada de nada. Ni en el rajado tercero, como tampoco ese impresentable sexto.
Todo estaba dado, pero al festival se lo cargó la mansedumbre. Está claro: se busca un toro bravo.
Ficha del festival
Novillos de Ernesto Gutiérrez (primero, tercero, cuarto bis y quinto) y Juan Bernardo Caicedo (segundo y sexto), mansos en general.
- César Rincón: Palmas tras tres avisos y palmas.
- Sebastián Castella: Silencio tras aviso y palmas.
- Juan Ortega: Palmas y palmas.
La actuación
Adriana Rodríguez
Dio todo lo que pudo, lo que pasa es que los toros no le ayudaron, pero si lo vi muy activo y entregándolo todo como siempre.
Elmer Rodríguez
Le fue un poco regular, porque el primer toro no ayudó para nada. El segundo si fue noble, bueno y embestía. Desafortunadamente no tuvo suerte en la espada, pero no deja de ser el matador.
César Aristizábal
César Rincón nunca dejará de ser el más grande de los toreros de la historia de Colombia. Le faltaron toros, con unos buenos habría hecho unas extraordinarias faenas.
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