Al entrar a la casa rodante de la familia Jurado Leyton se olvida que se está dentro de un bus. La primera sensación no es el tamaño, aunque impresiona. Tampoco el garaje escondido donde guardan un carro pequeño que los acompaña desde Argentina, ni las camas plegables que convierten el interior en una especie de “transformer” familiar. Lo primero que golpea es otra cosa: el olor a hogar, a casa habitada. A familia.

La meta a corto plazo de la familia es recorrer otras partes de Colombia antes de continuar por otros países.
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Casa y transporte, en uno solo
“La Bestia”, como bautizaron sus seguidores a su gigante rodante en la ruta, está parqueada por estos días a un costado del Homecenter de Manizales.
Roja, enorme, con 14 metros de largo e imposible de ignorar. Un motorhome que parece un Cootranshuila convertido en apartamento. Tiene paneles solares, cámaras, freezer, lavasecadora, tanques de agua de hasta mil litros, cocina exterior, mesas plegables y espacio para ocho personas. Pero más allá de las especificaciones, lo que realmente carga es una vida entera.
Allí viven Julián Jurado, manizaleño; Ángela Paola Leyton, huilense de Pitalito; sus tres hijos Itzel Samantha, Mia Alana y Luis Ángel, y Princesa, una perrita pug argentina que viaja con ellos desde el inicio de la aventura.
Las puertas están abiertas. A veces llegan curiosos, niños, vecinos o familias enteras. Suben las escaleras, preguntan cómo hacen para bañarse, cocinar o dormir, y terminan sentados tomando café mientras escuchan historias de Chile, Perú o Argentina.
“Eso es lo lindo. Que la gente venga, pregunte y conozca cómo vivimos”, dice Ángela mientras organiza la cocina como quien acomoda cualquier apartamento familiar.

La casa rodante cuenta con dos habitaciones, 2 cocinas, baño completo, sala comedor y electrodomésticos.

Habitación principal de la casa rodante.

Habitación secundaria.
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Una ruta que comenzó en Argentina
La historia comenzó lejos de Colombia. Ella llegó a Argentina buscando oportunidades y a Julián lo conoció allá. Se hicieron novios y cinco meses después se casaron. Durante años trabajaron vendiendo electrodomésticos y muebles en pueblos argentinos.
Tenían negocio, casa propia y estabilidad económica, pero también estrés, agotamiento y una rutina que empezó a asfixiarlos con su monotonía. “Sentía que si no tenía casa no era feliz. Y cuando la tuve, me di cuenta de que eso no me llenaba”, recuerda Ángela.
Hasta que un viaje a la costa argentina les cambió la cabeza. Dormir frente al mar, y despertar con el sonido de las olas les hizo entender que querían otra vida. Vendieron todo: la casa, el negocio y también la rutina. Y compraron el bus. Duraron casi tres años viendo videos, aprendiendo cómo adaptar un colectivo argentino y convertirlo en casa rodante y después arrancaron.
Trazando ruta por el continente
Llevan año y medio recorriendo Sudamérica. Han pasado por Argentina, Chile, Perú, Ecuador y ahora Colombia. En Ecuador se quedaron sin frenos. En Perú les robaron baterías y pipas de gas. En otros lugares han dormido frente al mar o en medio de montañas. Y aun así, no piensan detenerse. “La idea es llegar hasta Alaska”, dice Julián.

Julián Jurado es quien maneja la casa rodante que los ha llevado por sudamérica.
Los hijos estudian virtualmente dos horas en las mañanas y luego ayudan a organizar la casa, acomodan ropa o planean el siguiente destino sobre un mapa. “No queríamos que crecieran en medio del bullying ni viviendo obligados. Queríamos mostrarles el mundo”, explica Ángela.
En Manizales llevan pocos días. Buscan permisos para quedarse algunas semanas sin que los obliguen a moverse. Ya tuvieron algunas quejas por sacar mesas o cocinar afuera. Aun así, la comunidad ha comenzado a acercarse
Finalmente este bus es un refugio. Uno que anda sobre ruedas, donde una perrita argentina ladra cuando alguien toca la puerta, donde cada cajón tiene un orden exacto y cada parada implica horas de acomodar patas niveladoras, garajes, tanques y camas.
Uno donde, pese a todo, siempre hay espacio para otro visitante. Y quizá por eso "La Bestia" llama tanto la atención porque adentro vive algo que mucha gente anda buscando sin saberlo: tiempo juntos, calma y una manera distinta de habitar el mundo.
