El río La Vieja avanza tranquilo entre montañas verdes, árboles enormes y el sonido constante de las aves. Sobre sus aguas, una balsa hecha completamente de guadua se mueve lentamente mientras turistas observan el paisaje, se lanzan al río en algunos puntos del recorrido y escuchan historias sobre una tradición que lleva generaciones enteras viviendo alrededor del agua.
Así se vive el recorrido de Balsaje La Berraquera, una experiencia turística ubicada en Quimbaya que desde hace años se convirtió en uno de los planes más llamativos para quienes visitan el Quindío buscando algo más que cafés y fincas típicas. El trayecto inicia en Puerto Alejandría y termina en el sector de Piedras de Moler, en el Valle del Cauca, en un recorrido de casi tres horas por el río La Vieja.

La experiencia comienza desde temprano. Los turistas llegan a la sede principal en Quimbaya y desde allí son transportados en jeep Willys hasta Puerto Alejandría. Ya en el puerto, los bogas, como se les conoce a quienes conducen las balsas, te reciben con ánimo y te dan algunas indicaciones sobre el viaje. Cada balsa es elaborada el mismo día en que se realiza el recorrido y dos bogas acompañan a los turistas durante todo el trayecto.
Más que una atracción turística, el balsaje es una tradición heredada entre familias de Puerto Alejandría. Muchos de los bogas aprendieron desde niños a navegar el río junto a sus padres y abuelos.
Davinson Antonio Ruiz, conocido entre sus compañeros como “Lobo”, lleva años trabajando como boga y guía turístico.

“La construcción del balsaje se aprende desde pequeños, con nuestros padres, que fueron los que nos inculcaron al trabajo del balsaje, con mi papá bajaba por el río, y así aprendimos. Nosotros somos nacidos y criados en Puerto alejandría”, relata.
En medio del viaje, también nos contó la particularidad de los apodos y de donde nació la tradición:.
“nos colocan apodos a la mayoría de los bogas, como para reconocernos más fácil, usted puede llegar a Puerto Alejandría y pregunta por el nombre y nadie lo va a conocer, pero usted pregunte por el apodo y ahí si todos lo conocen. Los bogas es desde el tiempo que inició el balsaje, se nos puso ese título como para reconocernos a los que hacemos el balsaje”.
El balsaje no solo mueve turistas. También sostiene económicamente a decenas de familias de la zona. Actualmente, la actividad genera empleo directo para 16 personas de Puerto Alejandría, además de ocho conductores de jeep Willys, trabajadores administrativos y personas encargadas de labores complementarias, como el lavado diario de chalecos salvavidas.

La empresa Balsaje La Berraquera lleva 13 años funcionando formalmente en la región, aunque la tradición del balsaje en el río La Vieja comenzó hace aproximadamente 23 años.
Diana, una de las propietarias, explica que el valor del recorrido normalmente es de 95 mil pesos en temporada baja, aunque el precio puede variar dependiendo del grupo y la temporada.
“también depende mucho, por ejemplo en estos días viene un grupo de estudiantes, entonces se los deje a 90, pero todo depende del grupo, de la temporada y además uno les puede hacer alguna rebaja”.

El plan incluye seguro, chaleco salvavidas, transporte en jeep Willys, tinto que ofrecen los bogas durante el recorrido y almuerzo al mediodía. Después de llegar a Piedras de Moler, los turistas nuevamente toman un Willys que los regresa hasta la sede principal en Quimbaya.
En temporada alta, el balsaje funciona prácticamente todos los días. En épocas de baja afluencia turística, normalmente se realiza únicamente los domingos. Las salidas se manejan entre las 9:30 y las 10:00 de la mañana, permitiendo que los visitantes regresen aproximadamente hacia las 3:00 de la tarde.
Y aunque el recorrido tiene aventura, agua y paisajes, quienes llegan desde otros lugares coinciden en que lo más especial termina siendo la conexión con la naturaleza y la historia que envuelve el río.
Gabriel Pérez, turista proveniente de Cartagena, visitó el Quindío junto a su esposa durante un viaje de aniversario y decidió incluir el balsaje dentro de su recorrido por el Eje Cafetero.
“La experiencia ha sido muy, muy bonita, la conexión con la naturaleza y mirar toda la experiencia es muy chévere. Habíamos estado otras veces en paseos de río, pero nunca habíamos vivido la experiencia del balsaje y todo lo que va asociado, la historia que te van contando desde que te subes en el jeep, hasta cuando llegas a la balsa”.

Desde Estados Unidos también llegan visitantes atraídos por este tipo de experiencias naturales. Eduardo Cerara, turista de Florida, vivió por primera vez un recorrido por el río La Vieja.
“Si, esta es mi primera vez en el río, me gusto mucho, más que todo el almuerzo, las vistas son hermosas, me gusta la temperatura, pero lo mas hermoso es el paisaje”.

Y es justamente eso lo que convierte al balsaje en algo distinto. No es solamente un paseo turístico. Es una tradición convertida en experiencia cultural; un recorrido donde el visitante conoce otra cara del Quindío, lejos de las ciudades y cerca de la naturaleza, el río y las historias de quienes han vivido toda la vida navegándolo.
Mientras las balsas siguen bajando lentamente por el río La Vieja, Puerto Alejandría continúa demostrando que el turismo también puede construirse desde las tradiciones, la comunidad y el amor por el territorio.
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