La discusión sobre el futuro de los hipopótamos que habitan el Magdalena Medio volvió a tomar fuerza tras la autorización del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible para aplicar un protocolo técnico de eutanasia sobre parte de la población.
Detrás de la medida hay una preocupación ambiental, pero también un problema genético que, según expertos, compromete la viabilidad de estos animales en Colombia.
Mario Vargas Ramírez, profesor del Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), sostiene que los hipopótamos del país presentan un escenario extremo de endogamia. Todos descienden de apenas cuatro individuos originales: tres hembras y un macho que llegaron a la Hacienda Nápoles durante la década de 1980.
“Lo que ocurre en Colombia es un claro ejemplo de efecto fundador”, explica el investigador. Ese fenómeno aparece cuando una nueva población nace de un grupo reducido de animales y hereda solo una pequeña parte de la diversidad genética original.
En el caso colombiano, el problema sería aún más complejo. Vargas Ramírez señala que los hipopótamos introducidos por Escobar provenían previamente de un zoológico en Estados Unidos, lo que habría reducido todavía más la variabilidad genética desde el inicio.
Hoy, cerca de 200 hipopótamos se distribuyen en distintas zonas del Magdalena Medio. Aunque la cifra ha crecido rápidamente, los especialistas advierten que el aumento poblacional no significa salud genética.
Según el investigador, después de cuatro o cinco generaciones de reproducción entre familiares, la población enfrenta altos niveles de consanguinidad. “La probabilidad de enfermedades genéticas irreversibles es extremadamente alta”, afirma.
La pérdida de diversidad genética reduce la capacidad de adaptación de cualquier especie frente a enfermedades, cambios climáticos o alteraciones ambientales. Mientras las poblaciones africanas conservan miles de variantes genéticas gracias al intercambio entre distintos grupos, los hipopótamos colombianos tendrían menos del 10 % de esa diversidad.
Eso implica que una enfermedad nueva podría afectar a toda la población al mismo tiempo si ninguno posee genes de resistencia. También limita la capacidad de adaptación ante sequías, cambios de temperatura o modificaciones en las fuentes de alimento.
El profesor Vargas Ramírez advierte que el coeficiente de endogamia en esta población podría ubicarse actualmente entre 0,4 y 0,6. En términos prácticos, cada animal tendría entre 40 % y 60 % de probabilidades de heredar genes idénticos de un mismo ancestro.
Las consecuencias ya son conocidas en genética de conservación: disminución de fertilidad, menor supervivencia, reducción en la tasa de crecimiento y acumulación de mutaciones perjudiciales.

Los hipopótamos tienen un carácter dominante y territorial y sus excrementos tienen un fuerte impacto sobre la química del agua
El especialista menciona además el llamado “trinquete de Muller”, un proceso mediante el cual las poblaciones pequeñas acumulan mutaciones dañinas de forma irreversible. En pocas generaciones, los individuos pueden cargar entre 10 % y 30 % más mutaciones que sus antecesores.
El debate sobre el control de los hipopótamos no se limita a la genética. Las autoridades ambientales y la comunidad científica también alertan sobre el impacto ecológico de esta especie invasora.
Los hipopótamos alteran la química del agua con sus excrementos, desplazan fauna nativa y afectan ecosistemas sensibles de las cuencas de los ríos Magdalena y Cauca. Entre las especies amenazadas aparecen el manatí, el caimán aguja, las tortugas de río, la nutria y peces como el bocachico.
A esto se suma el riesgo para las personas. En África, los hipopótamos son considerados uno de los mamíferos más peligrosos debido a su comportamiento territorial y agresivo.
Frente a este panorama, el Ministerio de Ambiente proyecta iniciar un plan de sacrificio controlado de 80 ejemplares bajo protocolos veterinarios para minimizar el sufrimiento animal. La medida sigue generando controversia entre sectores animalistas y científicos.
Para Vargas Ramírez, la discusión ya no gira únicamente alrededor de la permanencia de la especie en Colombia, sino sobre el impacto acumulado en los ecosistemas y sobre la calidad de vida futura de los propios animales.
“La pregunta no es solo cuánto tiempo tardará esta población en entrar en colapso genético, sino cuánto resistirán antes los ecosistemas afectados por su expansión”, concluye el investigador.
Otras amenazas sobre la especie
Aunque los hipopótamos son originarios del África subsahariana, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) los clasifica como una especie “vulnerable”. Entre las principales amenazas aparecen la pérdida de hábitat, la expansión humana, la caza furtiva y los conflictos con comunidades rurales.
En varios países africanos las poblaciones se encuentran fragmentadas y aisladas. Expertos advierten que esa desconexión limita el intercambio genético y aumenta el riesgo de deterioro poblacional.
Además, la caza ilegal por carne y dientes de marfil continúa afectando a la especie en distintas regiones del continente.
Evalúan traslado de 80 hipopótamos a India
Dentro de las alternativas para controlar la población en Colombia también se estudia el traslado de ejemplares al exterior. Una de las opciones planteadas contempla el envío de cerca de 80 hipopótamos a suelo indio.
La propuesta busca reducir la presión sobre los ecosistemas colombianos y disminuir el crecimiento poblacional en el Magdalena Medio. Sin embargo, expertos señalan que este tipo de procesos requieren evaluaciones sanitarias, ambientales y logísticas de gran complejidad.
Las autoridades ambientales mantienen abiertas varias líneas de manejo, entre ellas la esterilización, la reubicación internacional y la eutanasia controlada.
* Esta información fue elaborada con el aporte de la Agencia de Medios Unimedios de la Universidad Nacional de Colombia.
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