Fotos I Cortesía ECR LA PATRIA  El movimiento es clave para los niños considera la fisioterapeuta Andrea Carolina Amaya, egresada de la Escuela Colombiana de Rehabilitación (ECR).

Fotos I Cortesía ECR LA PATRIA

El movimiento es clave para los niños considera la fisioterapeuta Andrea Carolina Amaya, egresada de la Escuela Colombiana de Rehabilitación (ECR).

LA PATRIA I Manizales*

Un artículo muy interesante y de interés para las comunidades, sobre todo educativas, acaba de publicar la Escuela Colombiana de Rehabilitación (ECR).

Tiene que ver con un punto clave en las estrategias de enseñanza que utilizan los maestros en los colegios. LA PATRIA publica apartes de este estudio.

Por ejemplo, el análisis cita que en los salones de clase, la quietud suele asociarse con disciplina y atención.

“Sin embargo, añade, cada vez más investigaciones científicas demuestran que el aprendizaje infantil no ocurre en la inmovilidad, sino en un cuerpo que se mueve, siente y se relaciona con su entorno.

Andrea Carolina Amaya, fisioterapeuta egresada de la Escuela Colombiana de Rehabilitación (ECR).

Así lo explica Andrea Carolina Amaya Córdoba, fisioterapeuta egresada de la Escuela Colombiana de Rehabilitación (ECR), magíster en Neuropsicología y Educación, docente universitaria e investigadora en temas de fisioterapia infantil y neuroeducación. Desde su experiencia académica y clínica propone integrar el movimiento como herramienta pedagógica dentro del aula.

“El niño no aprende solo con la mente. Aprende con todo su ser: su cuerpo, sus emociones y su historia motora”, señala la profesional, quien actualmente es profesora del Departamento del Movimiento Corporal Humano en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia y en la Universidad Iberoamericana, en Bogotá.

 

Con el cerebro

Durante años, la educación formal ha privilegiado la inmovilidad como sinónimo de concentración.

No obstante, estudios en neurociencia han demostrado que la actividad física estimula la plasticidad cerebral, fortalece funciones ejecutivas como la atención y la memoria de trabajo, y mejora el rendimiento académico.

Investigaciones publicadas en revistas científicas internacionales evidencian que los niños que participan en experiencias de aprendizaje basadas en el movimiento muestran mayor compromiso con las tareas escolares y mejores resultados académicos.

“El movimiento no es una distracción; es un regulador natural del sistema nervioso. Un cuerpo que se mueve de manera organizada está más disponible para aprender”, explica Amaya.

 

Papel de la fisioterapia

Desde esta perspectiva, la fisioterapia trasciende el ámbito clínico y encuentra un lugar en el escenario educativo. Su aporte no se limita a atender dificultades individuales, sino que incluye el acompañamiento a docentes en la creación de entornos pedagógicos más activos, inclusivos y respetuosos del desarrollo infantil.

La fisioterapeuta puede identificar factores que interfieren en el aprendizaje, como inmadurez postural, dificultades de regulación o baja conciencia corporal, y proponer estrategias que favorezcan la participación escolar.

Se trata, según la experta, de una educación preventiva y promotora de salud, en la que el bienestar físico y emocional se reconoce como base del aprendizaje significativo.

 

Estrategias simples, grandes cambios

Integrar el movimiento en la dinámica escolar no requiere transformaciones estructurales complejas. Algunas estrategias incluyen:

Pausas activas planificadas durante la jornada.

● Actividades académicas que incorporen el cuerpo como mediador del aprendizaje.

● Ejercicios respiratorios y propioceptivos que favorezcan la autorregulación.

Fortalecimiento de habilidades motoras fundamentales para el desempeño escolar. Estas acciones, cuando son diseñadas con intención pedagógica, convierten el movimiento en un recurso didáctico y no en una actividad aislada.

 

Bienestar infantil

En un contexto marcado por el sedentarismo y la sobreexigencia cognitiva, promover el movimiento en la escuela se convierte en una decisión de cuidado y responsabilidad ética.

“No hay aprendizaje profundo sin emoción, y no hay emoción sin cuerpo”, concluye Amaya, quien además es autora de publicaciones sobre infancia y divulgadora en redes sociales a través de su canal @fisiodelainfancia.

Su propuesta invita a repensar el aula como un espacio vivo, donde aprender no sea solo recibir información, sino experimentar, regularse y construir sentido desde el cuerpo. Porque, al final, aprender también es moverse.

* Con información de Carolina Barragán Salas.


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