Educación
28 Abr, 2026

Casos de éxito: cómo las becas en Manizales transforman el acceso a las universidades

Las becas dejaron de ser un gesto aislado. Hoy marcan una decisión institucional, evitar que el talento se pierda por falta de recursos y sostener a los estudiantes.

Las becas son el puente que permite a los jóvenes no sólo matricularse, sino poder experimentar la vida universitaria y todo lo que conlleva.

Foto | Luis Fernando Trejos | LA PATRIA Las becas son el puente que permite a los jóvenes no sólo matricularse, sino poder experimentar la vida universitaria y todo lo que conlleva.

La discusión sobre responsabilidad social universitaria se mueve en un terreno concreto: quién entra y quién logra quedarse. Las instituciones privadas, bajo presión de cobertura y calidad, han trasladado el foco de la admisión a la permanencia. La beca aparece como el primer paso, pero no resuelve el trayecto.

La idea de apoyo cambia de lugar. Ya no se presenta como ayuda, sino como inversión. Cada descuento en matrícula, cada auxilio de alimentación o cada espacio de acompañamiento responde a una lógica: sostener trayectorias. El origen económico no puede definir el desenlace académico. Bajo ese principio, las universidades configuran esquemas que combinan financiación, seguimiento y presencia institucional cotidiana.

Las universidades Católica, Autónoma y de Manizales coinciden en un punto: la beca sin acompañamiento pierde efecto. El acceso no garantiza permanencia. La inversión real se mide en el número de estudiantes que cruzan el último umbral.

El mensaje final no se formula como consigna. Se apoya en hechos. Las universidades privadas de Manizales abren opciones que muchos descartan antes de conocer. La decisión de no intentar cierra caminos que existen.

Entre cifras, programas y relatos, la idea se mantiene: hay puertas abiertas. El reto consiste en tocarlas y sostener el paso hasta el final.

Universidad Católica de Manizales: el ingreso como punto de equilibrio

Foto | Cortesía UCM | LA PATRIA Juan Esteban García y Silvana Morales.

En la Universidad Católica de Manizales, el sistema de becas se articula desde el momento en que el aspirante se acerca. Juan Andrés Mejía, coordinador de mercadeo, describe un esquema que combina mérito académico, condiciones socioeconómicas y acciones de compensación. “El estudiante puede presentarse con pruebas de Estado o con sus notas de grado once. A partir de ahí se define un porcentaje que debe sostener durante toda la carrera”, explica.

El portafolio incluye becas por rendimiento, por estrato, por equidad para poblaciones vulnerables y opciones compensatorias desde segundo semestre. También aparecen beneficios asociados a deporte o monitorías. El criterio varía según cada caso y la universidad realiza verificación directa de las condiciones familiares.

El alcance se mide en proporción. Cerca del 30% de los estudiantes cuenta con algún tipo de descuento en matrícula. La cifra no se presenta como cierre, sino como punto de partida para ampliar cobertura.

En las aulas, la beca toma forma en historias concretas. Juan Esteban García, estudiante de arquitectura, llegó con un promedio de 4,5 en el colegio y accedió a la beca TOP. “He podido estudiar la carrera que quería y entendí que el esfuerzo tiene resultados”, dice. A su lado, Silvana Morales, también en primer semestre, sostiene la misma idea desde otro lugar: “Es un apoyo que me permite avanzar. La disciplina que tuve se convierte ahora en la posibilidad de ser arquitecta”.

La institución insiste en un mensaje que busca romper una barrera extendida. “Las universidades privadas cuentan con beneficios y facilidades de pago. La invitación es a que se acerquen y revisen las opciones”, señala Mejía. La puerta está abierta, pero requiere que alguien decida cruzarla.

Universidad Autónoma de Manizales: el seguimiento como política

Santiago Pérez González y Sofía Suárez Salazar

Santiago Pérez González y Sofía Suárez Salazar.

En la Universidad Autónoma de Manizales, el discurso institucional se mueve hacia el acompañamiento. El rector Carlos Eduardo Jaramillo plantea el contexto: entre el 80% y el 84% de los estudiantes proviene de estratos 1, 2 y 3. Esa composición obliga a diseñar mecanismos que vayan más allá del acceso.

“Uno puede dar un beneficio económico y no preocuparse por el estudiante. Nosotros acompañamos, miramos dificultades y trabajamos para que no salga del sistema”, afirma. El seguimiento incluye apoyo psicológico, orientación académica y programas de liderazgo. La permanencia se convierte en indicador de gestión.

Los datos respaldan esa línea. Cerca del 40% de los graduados ha tenido algún tipo de apoyo económico. La cifra no se presenta como logro aislado, sino como resultado de una política sostenida.

El caso de Sofía Suárez resume ese tránsito. Ingresó en el 2003 a Ingeniería de Sistemas y suspendió sus estudios por razones familiares. La universidad la buscó, le ofreció trabajo por honorarios y luego una beca para retomar su formación en tecnología. Más tarde cursó ingeniería industrial y una especialización, siempre vinculada laboralmente a la institución. Hoy coordina gestión documental. “La universidad me dio la posibilidad de estudiar y trabajar”, dice.

En paralelo, Santiago Pérez, estudiante de economía con doble titulación en administración, describe un recorrido que combina mérito y necesidad. Accedió a una beca del 40% desde el colegio, luego enfrentó una caída en ingresos familiares y encontró respaldo en el programa Transformando Historias. Hoy cumple horas de contraprestación para sostener el beneficio. “Soy un ciudadano que quiere cambiar su vida y aportar al país”, afirma.

El rector insiste en una idea que atraviesa estos casos. “Es factible estudiar en una universidad privada. Hay que atreverse a preguntar”. La invitación no se queda en el discurso; se apoya en trayectorias que lo confirman.

Universidad de Manizales: el acompañamiento como estructura

Mateo Giraldo Monsalve y Emmanuel Ruda

Foto | Cortesía UM | LA PATRIA Mateo Giraldo Monsalve y Emmanuel Ruda.

En la Universidad de Manizales, la política de becas se combina con una arquitectura de bienestar que busca anticipar riesgos. Lina del Pilar Trujillo, líder del área, describe un sistema que incluye apoyos por mérito, condiciones socioeconómicas, representación estudiantil, deporte y cultura. A eso se suman beneficios de alimentación y monitorias.

El componente central aparece en el programa de acompañamiento integral. Allí, equipos de psicología, pedagogía y desarrollo familiar siguen a los estudiantes desde su ingreso. La intervención no espera la crisis. Se despliega en aulas, familias y entornos de residencia.

Luz Marina Ibagué, profesional en desarrollo familiar, forma parte de ese equipo. Su trabajo con estudiantes de derecho muestra el alcance de la estrategia. Emmanuel Ruda, en tercer semestre, viaja a diario desde Chinchiná, mantiene promedio de 4,8 y accedió a becas tras un proceso guiado. “El acompañamiento ha sido clave. Uno se siente respaldado”, dice.

El tránsito universitario no se limita a lo académico. Implica cambio de entorno, ruptura de rutinas y nuevas exigencias. La respuesta institucional incluye atención psicosocial, orientación pedagógica y trabajo con redes de apoyo. La beca se sostiene en ese entramado.

Mateo Giraldo, en octavo semestre de Administración, representa otra dimensión. Su paso por el equipo de baloncesto le permitió acceder a beneficios deportivos mientras construye un proyecto empresarial en torno al cacao. Entre entrenamientos, clases y emprendimiento, la universidad ajusta su ritmo. “Todo lo que he vivido tiene sentido”, resume.


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