Economía
16 Jun, 2026

El tiempo que no se ve: trabajo de cuidado y desigualdad en el campo colombiano

Cuando muchas mujeres rurales no tienen tiempo para formarse, emprender, asociarse, innovar o participar más activamente en la producción, pierden capacidad productiva, ingresos, liderazgo y posibilidades de progreso.

Selva Florencia, desplazamiento campesinos. “En el campo, las mujeres dedican casi nueve horas diarias al cuidado del hogar, mientras los hombres, alrededor de tres".

Fotos | Archivo | LA PATRIA

“En el campo, las mujeres dedican casi nueve horas diarias al cuidado del hogar, mientras los hombres, alrededor de tres".

Luis Felipe Jiménez y Milena Umaña Maldonado*

Papel Salmón

Mientras los debates sobre lo rural suelen girar en torno a la violencia, la pobreza o la productividad, hay una desigualdad que pasa desapercibida porque ocurre en el interior de los hogares: la que divide quién sale a trabajar por un salario y quién sostiene la vida cotidiana, sin que nadie lo cuente como trabajo.

Los datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (2024-2025) del DANE lo confirman: en el campo, las mujeres dedican casi nueve horas diarias al cuidado del hogar, mientras los hombres, alrededor de tres. 

Esa diferencia de seis horas no es menor: condiciona quién puede formarse, emprender, asociarse y proyectarse y quién no. Además, en el trabajo remunerado participan cerca de 7 de cada 10 hombres, mientras que apenas 3 de cada 10 mujeres, por otro lado, en los trabajos de cuidado participan 9 de cada 10 mujeres, frente a 6 de cada 10 hombres.

En buena parte del campo colombiano, la familia funcionó históricamente como una unidad de producción y reproducción: alguien salía a buscar el ingreso, alguien garantizaba que la vida cotidiana no se detuviera.

Esa división la reforzaron la división social de ciertos oficios, la informalidad laboral, la falta de transporte, la ausencia de servicios de cuidado y una institucionalidad que nunca terminó de llegar. Entender ese origen es importante, pero no equivale a aceptar que siga siendo así.

“El hombre en la ruralidad tampoco suele vivir con tiempo de sobra. Tiene jornadas extensas, desgaste físico, baja protección social y pocas opciones para estudiar o proyectarse".

También conviene recordar algo que a veces se omite: el hombre en la ruralidad tampoco suele vivir con tiempo de sobra. Tiene jornadas extensas, desgaste físico, baja protección social y pocas opciones para estudiar o proyectarse. No se trata entonces de unos privilegiados frente a otras sin opción.

Dentro de una estructura ya exigente para todos, las mujeres rurales suelen asumir una segunda jornada: la comida, la limpieza, el cuidado, y esa administración invisible de la vida cotidiana que rara vez se reconoce como trabajo.

Por eso, lo que pudo surgir como una estrategia funcional del hogar hoy puede convertirse en una trampa. No porque cuidar sea indigno; al contrario, tiene una dignidad profunda y un valor social inmenso.

Una mujer puede querer dedicarse al hogar y encontrar allí sentido; también un hombre debería poder hacerlo sin estigma social. El asunto aparece cuando cuidar deja de ser una elección y se convierte en la única opción disponible, a costa del tiempo propio, la autonomía y el futuro.

Y ahí aparece una discusión que es también económica y política. Cuando muchas mujeres rurales no tienen tiempo para formarse, emprender, asociarse, innovar o participar más activamente en la producción, pierden capacidad productiva, ingresos, liderazgo y posibilidades de progreso.

Y con ellas, también pierden los territorios y el país. Por eso, construir una verdadera infraestructura del cuidado no compete únicamente a la política social: también es una política de desarrollo.

Un campo más justo es aquel en el que ninguna mujer vea su tiempo, su autonomía y su futuro definidos por la falta de alternativas; donde cuidar sea una opción digna, no una condena silenciosa.

* Investigador y directora del Centro Regional de Estudios Cafeteros y Empresariales (CRECE).

El Día

Junio es el mes del campesino en Colombia. Aunque su fecha exacta está establecida para el 2 de junio, en los diferentes municipios se acotumbra realizar actividades en homenaje a esta población durante los meses de junio y julio. Se instauró esta fecha desde 1965.


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