La hipertensión y la diabetes no siempre comienzan cuando llega el diagnóstico. En muchos casos, estas enfermedades encuentran terreno desde la infancia, la adolescencia e incluso desde la gestación.
Así lo plantea un estudio realizado por Mariluz Romero, magíster en Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia, quien analizó la historia de vida de nueve personas con hipertensión, diabetes tipo 2 o ambas enfermedades.
La investigación recoge experiencias de violencia física, trabajo infantil, abandono familiar, intentos de abuso sexual, estrés prolongado y dificultades para acceder a alimentos nutritivos.
Estos factores marcaron la vida de los participantes y ayudan a entender cómo las condiciones sociales y emocionales pueden influir en la salud cardiovascular y metabólica años después.
En Colombia, más de 6 millones de personas viven con hipertensión. La Cuenta de Alto Costo registró, con corte al 31 de diciembre de 2024, 6.077.364 personas diagnosticadas con esta enfermedad, cifra preliminar y sujeta a auditoría.
Durante ese año, el país notificó 214.659 casos nuevos. La región Andina concentró la mayor cantidad de nuevos diagnósticos y la región Caribe tuvo la incidencia estandarizada más alta.
La diabetes tipo 2 también tiene un peso alto en la salud pública. Cerca de 3 millones de personas viven con esta enfermedad en Colombia. Esta alteración metabólica afecta la manera como el cuerpo procesa la glucosa o azúcar en la sangre y suele relacionarse con obesidad, sedentarismo y hábitos de vida.
Romero empezó a interesarse por el tema hace más de cuatro años, mientras trabajaba con pacientes que llegaban a unidades de cuidado intensivo con enfermedades de base como hipertensión y diabetes. “Siempre me preguntaba qué había detrás de estas patologías”, comenta.
Ese interrogante la llevó a revisar literatura científica. Allí encontró un dato que orientó su tesis de maestría: entre el 60% y el 80% de los casos de estas enfermedades podrían prevenirse con cambios en el estilo de vida. Luego decidió estudiar a nueve personas vinculadas a la ruta cardiovascular de Unisalud, la IPS de la Universidad Nacional.
El grupo incluyó seis mujeres y tres hombres, entre los 36 y los 75 años, procedentes de Santander, Huila, Boyacá, el Eje Cafetero y Bogotá. Algunas personas tenían hipertensión, otras diabetes tipo 2 y varias convivían con ambas enfermedades.
La investigación no miró solo la adultez ni el tratamiento médico. Romero revisó la alimentación, la actividad física y el estrés a lo largo de la vida de los participantes.
También observó cómo ciertas vivencias de la infancia y de la adolescencia pudieron relacionarse con enfermedades cardiometabólicas, es decir, trastornos asociados con el corazón, la circulación y el metabolismo.
“La evidencia muestra que estas afecciones no aparecen de un momento a otro; existen factores sociales, económicos, emocionales y culturales que influyen en su desarrollo”, señala la experta.
Uno de los hallazgos principales apareció en la alimentación. Muchos participantes crecieron en hogares donde no siempre había acceso a alimentos nutritivos.
En varias familias predominaban dietas ricas en carbohidratos y productos con alto contenido de almidón. Las costumbres regionales y los recursos económicos marcaron lo que comían desde pequeños.
“La alimentación se construyó con base en lo que había disponible y en lo que les alcanzaba con su dinero. En algunos casos también aparecieron patrones frecuentes de consumo de embutidos y alimentos ultraprocesados, lo que evidencia que las desigualdades sociales también moldean la salud cardiovascular”, afirma Romero.
El estudio revisó la actividad física
La mayoría de los participantes se mantuvo activa durante la infancia mediante juegos o actividades cotidianas. Sin embargo, ese movimiento disminuyó en la adultez por jornadas laborales extensas, cansancio, falta de tiempo o problemas de salud.
Algunas personas caminaron a diario o usaron rutinas desde el celular, mientras otras enfrentaron barreras físicas y emocionales.
El estrés ocupó un lugar central. La investigadora identificó experiencias de violencia física, abandono familiar, intentos de abuso sexual y trabajo infantil desde edades tempranas. Estas vivencias no solo dejaron recuerdos dolorosos; también pudieron afectar el cuerpo durante años.
“Estas situaciones pueden mantener activo el sistema de alarma del cuerpo durante años y favorecer procesos inflamatorios relacionados con enfermedades crónicas. Entre los casos estudiados había sentimientos de tristeza, rabia y frustración que permanecieron durante mucho tiempo”, indica la magíster.
Varios participantes contaron que trabajaron desde niños para ayudar a sus familias. Otros hablaron de conflictos familiares, abandono parental y secuelas emocionales. La investigación muestra que estas cargas no pertenecen solo al pasado, pues pueden influir en la salud futura.
La gestación también apareció como una etapa sensible. Dos participantes recibieron diagnósticos relacionados con hipertensión o diabetes durante el embarazo. Además, surgieron relatos de ansiedad, cambios emocionales y depresión posparto.
“La salud materna influye no solo en la mujer, sino también en el futuro del hijo. Las condiciones presentes durante el embarazo influirían en el riesgo de desarrollar hipertensión, diabetes y otras alteraciones metabólicas en etapas posteriores de la vida”, explica Romero.

Otro hallazgo rompe una idea común: ninguno de los participantes tenía obesidad. Para la investigadora, esto muestra que una persona delgada también puede desarrollar hipertensión o diabetes. “Una persona delgada también puede desarrollar hipertensión o diabetes”, enfatiza.
Romero propone mirar estas enfermedades más allá del medicamento y del diagnóstico tardío. “Cuando conocemos la historia de vida de una persona podemos diseñar intervenciones más específicas según la etapa vital”, explica.
La magíster concluye que la prevención debe empezar temprano, con acompañamiento en nutrición, actividad física y salud mental. “Estas recomendaciones no son solo para quienes ya tienen la enfermedad, sino que también son importantes para las personas en riesgo y para quienes todavía no presentan síntomas”, concluye.

Factores que aparecen a temprana edad
El estudio identifica violencia física, abandono familiar, intentos de abuso sexual, trabajo infantil, estrés prolongado y mala alimentación como experiencias que pueden influir en el desarrollo de hipertensión y diabetes en la adultez.
Embarazo y salud futura
La investigación resalta la gestación como una etapa sensible. Según Mariluz Romero, la salud materna influye en la mujer y también en el riesgo futuro de los hijos frente a enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
* Esta información se elaboró con el aporte de Unimedios de la Universidad Nacional.
Haga clic aquí y encuentre más información de LA PATRIA.
Síganos en Facebook, Instagram, YouTube, X, Spotify, TikTok y en nuestro canal de WhatsApp, para que reciba noticias de última hora y más contenidos.