El profesor Nódier Agudelo Betancur, pionero en el estudio del derecho penal moderno en Colombia.
Autor

Pedro Juan Alzate Giraldo
Papel Salmón

Nódier Agudelo Betancur es un prestigioso abogado penalista de gran influencia en la dogmática jurídico-penal de nuestro país y maestro apreciado por quienes, en su condición de discípulos o contertulios, han tenido el privilegio de nutrirse de sus conocimientos y sensibilidad humana, condensada además, en su prolífera obra de derecho penal, de recurrente consulta por estudiosos de ciencias jurídicas.

Hijo de José Jesús –arriero de profesión– y María Dolores –ama de casa–, Agudelo Betancur vio la luz de este mundo el 12 de junio de 1948 en Arboleda, corregimiento de Pensilvania (Caldas). Siendo muy niño la familia, compuesta por 12 hermanos más, se mudó a Mistrató (Risaralda), donde terminó la primaria.

 

Destacado estudiante

A partir de 1961 fue interno en el Seminario San Pío X de Armenia, donde cursó la secundaria bajo un estricto régimen académico. En ese ambiente de rigor escolar exploró obras de la mitología griega como la Odisea, la Ilíada e incursionó en la lectura de Cervantes, Shakespeare, Dostoievski, entre otros, además de deleitarse escuchando la música clásica, dispuesta por los religiosos que los estaban instruyendo, actividades culturales que fueron forjando su brillantez intelectual.

A comienzos de 1967 ingresó a la Universidad de Antioquia -en Medellín- a cursar ciencias jurídicas, destacándose en el área penal, que escogió como proyecto de vida profesional. Cada vez que podía se escapaba a los juzgados superiores con el fin de presenciar las audiencias de los más reconocidos penalistas de la época, quienes contribuyeron en su notorio desempeño académico, cualidades con las que logró que, al terminar sus estudios de pregrado, fuese vinculado como profesor de Derecho Penal Especial al Alma Mater que lo había formado. El arriesgado ‘experimento’ lo catapultó como un representativo e influyentes profesor del área penal en la Universidad de Antioquia.

Con la docencia combinó el litigio, sobresaliendo por la rectitud y transparencia con la que asumía sus casos, convencido de que los principios éticos del buen abogado son inquebrantables y que independientemente de si se gana o se pierde un proceso, lo más importante es poner al servicio de la causa los conocimientos sin escatimar esfuerzo alguno.

El caldense Nódier Agudelo Betancur, institución del derecho penal en Colombia.

 

En el continente europeo

Influenciado por un colega litigante, quien había estudiado Criminalística en la Universidad de París, Agudelo Betancur se interesó por ir a estudiar allí. Remitió varias solicitudes a ese centro de estudios, hasta cuando le concedieron una beca. Aunque en principio ingresó a cursar Criminalística, posteriormente se inclinó por criminología y parte especial de derecho penal, motivado por quien había sido su profesor de esta rama durante el pregrado, quien -luego de haber sido nombrado como magistrado en la Corte Suprema de Justicia en Colombia- le sugirió cambiar de área de estudios.

En dicha universidad se deslumbró con la obra de los más destacados exponentes de la Escuela de Lyon, fundada por Alexandre Lacassagne, médico y criminólogo francés, quien, con un enfoque ‘sociológico y psicológico’ de la criminalidad, demostró que el delincuente no es un ser atávico -‘predeterminado genéticamente a delinquir’-, tal como lo venían exponiendo los defensores de la Escuela Italiana de Cesare Lombroso, sino que su comportamiento necesariamente está ‘influenciado por el entorno social y los procesos de aprendizaje’ que posibilitan y permiten exteriorizar su conducta delictiva.

Mientras estudiaba en París, Agudelo Betancur se propuso viajar a Bonn (Alemania) a conocer a Hans Welzel, prestigioso jurista y filósofo alemán, fundador del innovador sistema de derecho penal sobre la base de la Teoría Final de la Acción, de gran relevancia en la dogmática jurídico-penal contemporánea, porque con ella se revaluaba el paradigma de la noción causalista del acto delictivo, vigente durante muchos años.

El anfitrión quedó tan gratamente impresionado con la solvencia demostrada por el joven visitante al observarlo exponer los “elementos subjetivos del tipo” y demás fundamentos de la Teoría Final de la Acción (por él desarrollada) que no dudo en invitarlo a quedarse a estudiar en Alemania como su discípulo, ofrecimiento que Agudelo Betancur tuvo que descartar por no contar con los recursos económicos para establecerse en Bonn.

Welzel solucionó el apuro de inmediato, consiguiéndole una beca de la Fundación Konrad Adenauer para que pudiese profundizar sus conocimientos de derecho penal en la Universidad de Bonn: “Les presento a Nódier Agudelo, joven investigador, apto para la investigación científica”, refería la recomendación del profesor alemán.

Empero contar con el apoyo para quedarse a estudiar en Alemania (la meca del derecho penal) con los mejores juristas de la época, Agudelo Betancur tuvo que regresar a Colombia en compañía de su abnegada esposa, Tahí Barrios Hernández, como consecuencia de las afugias económicas por las que atravesaban.

En Medellín recibió una carta remitida desde la fundación Konrad Adenauer a través de la cual le recordaban que la beca otorgada a su favor aún estaba vigente, motivo por el cual se le requería para que diese inicio a sus estudios avanzados de derecho penal.

Con dificultad recaudó al menos lo del pasaje para retornar a Europa –con su esposa y su hija recién nacida- a cumplir sus sueños académicos, y mientras lo hacía -tal como le tocó en Francia- desempeñó oficios domésticos, entre asear casas, oficinas y hasta sacar a pasear las mascotas de algunas personas de la tercera edad, para medio solventarse y culminar sus estudios.

De vuelta en Medellín, Agudelo Betancur se vinculó de nuevo con la Facultad de Derecho Penal de la U. de Antioquia, a la que ha dedicado gran parte de su vida profesional, al tiempo que reabría su oficina de litigante.

Optó por la docencia y la investigación como proyecto de vida, porque siempre ha estado convencido de que, a través de la cátedra universitaria, se puede desempeñar una misión trascendental en la formación de nuevas generaciones de abogados, en su caso, con un enfoque ético y garantista en la aplicación del derecho penal como siempre lo ha sostenido en diferentes escenarios y a través de sus obras.

 

Nuevo Foro Penal y Escuela de Derecho

Con sus recursos y la colaboración de algunos alumnos, entre ellos Fernando Velásquez Velásquez, en 1978 Agudelo Betancur fundó la revista Nuevo Foro Penal, primera fuente de expresión de los penalistas colombianos. La revista se fue consolidando en el entorno sociojurídico y trascendió las fronteras nacionales, porque, desde un comienzo, su fundador buscó “matizarla”, de tal manera que resultase interesante para los estudiantes, abogados y jueces. Por ello, las publicaciones contenían diferentes temáticas:

Al comienzo fue difícil, pero poco a poco se fueron vinculando destacados colegas, con quienes fue surgiendo la Escuela de Derecho Penal con una orientación garantista de la dignidad del ser humano, movimiento académico con el cual se dio lustre a la dogmática jurídico-penal colombiana y latinoamericana, propiciando, además, el ingreso de la Teoría Finalista a Colombia.

 

Reflexiones

Aunque el maestro Agudelo Betancur advierte modestamente que él “no tiene mayores fundamentos para opinar” sobre el Sistema Penal Acusatorio de nuestro país, considera que la situación del mismo es muy “compleja porque en la práctica no está funcionando adecuadamente”. Cuestiona, además, con indignación e impotencia que haya ingresado a nuestro modelo penal esa “avalancha de testigos comprados, fletados arreglados, premiados…”

La sensibilidad humana de Agudelo Betancur también queda al desnudo cuando, en el contexto de una entrevista, se le pregunta sobre la forma como ha afrontado las épocas de violencia que han azotado al país, al reprocharse con severidad: ...que a veces se avergüenza de vivir, porque si vive fue porque no habló lo suficiente. Desgarrador lamento con el que nostálgicamente honra la memoria de dos de sus más preciados colegas y amigos: Federico Estrada Vélez y Jesús María Valle, víctimas de la violencia en Colombia.

 

Satisfacciones

No obstante las preocupaciones que lo embargan, Nódier Agudelo Betancur siente satisfacción del deber cumplido como docente, litigante e investigador, al percibir que la mayoría de sus condiscípulos y contertulios con los que ha interactuado en diferentes escenarios son fieles exponentes de los principios éticos en el ejercicio de su profesión y aventajados aprendices del derecho penal garantista.

También lo reconforta sentir el afecto sincero de muchos colegas y amigos, en especial de su familia, compuesta por su amorosa esposa, sus tres hijos y dos nietos: “luceros luminosos en el ocaso de su existencia”, con quienes disfruta una experiencia única e irrepetible de felicidad.

Entre sus aficiones destaca que le gusta escuchar tangos de antaño y música clásica: Beethoven –su preferido- y Chopin, el predilecto de su esposa, Tahí. A ella terminó unido por la "afinidad intelectual y la reciprocidad afectiva”.

Evoca, con inmenso amor y respeto a sus padres y a su tío, Francisco Betancur (sacerdote), quien fue para toda su familia como una especie de ‘ángel de la guarda’ y para él, motivo de superación intelectual.

Recalca su procedencia campesina, recordando su natal Arboleda, corregimiento en donde trasegó la infancia a ‘pata pelada’ por las polvorientas calles y caminos circundantes.

Refiere finalmente que ha sido esquivo a los homenajes, porque, como buen Kantiano que es, siempre hace las cosas por convicción, “el deber por el deber”, sin esperar nada a cambio, motivo por el cual acoge como suyo el postulado del filósofo alemán: “Sobre mí, solo el cielo tachonado de estrellas, pero en mi corazón el imperativo categórico”, reflexión final que nos deja como legado de humildad, nuestro egregio maestro, Nódier Agudelo Betancur.

 

Obras publicadas

Los inimputables frente a las causales de justificación e inculpabilidad (1982); Inimputabilidad y responsabilidad penal: a propósito de la polémica Estrada Vélez-Fernández Carrasquilla (1984); Casos para el estudio del derecho penal (1988); El pensamiento jurídico-penal de Carrara (1988); Emoción violenta e inimputabilidad penal: alegato en un caso de homicidio (1990); La defensa putativa: teoría y práctica (1990); El trastorno mental transitorio como causal de inimputabilidad penal (1991); Curso de derecho penal: esquemas del delito (1992); Lectura de textos fundamentales de derecho penal (1994); La inimputabilidad penal (1994); Preguntas de derecho penal (1997); La estructura del delito en el nuevo código penal: introducción de los esquemas clásico y positivista a la definición dogmática (2000); La defensa putativa en el nuevo código penal (2001); Embriaguez y responsabilidad penal: aspectos jurídicos de la embriaguez patológica y de la embriaguez aguda (2001); Jornadas internacionales de derecho penal (2001) y Grandes corrientes del derecho penal (2002).

 

Nota 1: Agradecimiento a César Augusto López Londoño –destacado penalista, profesor y abogado litigante-, por leer previamente el borrador de esta semblanza. Sus aportes fueron de suma importancia.

Nota 2: Los videos de las entrevistas y eventos difundidos en el portal del Centro de Estudios Socio Jurídicos Latinoamericanos (Cesjul) –Revista Derecho Debates y Personas- resultaron fundamentales para el desarrollo de este artículo, lo mismo que las fotos complementarias.

 


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